Juanjo Coello

Software Developer & Perpetual Wannabe
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Los chicos listos y Wall Street

Hace poco leí un artículo muy interesante en el New York Times llamado Wall Street Smarts, sobre la influencia de la gente inteligente en el colapso del sistema financiero del año pasado, génesis de la actual crisis económica mundial. El artículo ha causado un poco de revuelo, y opiniones derivadas pueden leerse aquí y aquí.
He realizado una traducción más o menos libre porque creo que vale la pena leerlo y echarle un pensamiento:

La gente lista de Wall Street

“Si quieres saber realmente por qué el sistema financiero estuvo a punto de colapsar a finales de 2008, te lo puedo decir en una única frase”.

Estas palabras salieron de un hombre sentado a unos tres o cuatro taburetes de mi, en un bar escasamente poblado del Midtown, mientras esperaba a un amigo mío. “¿Pero voy a tener que comprarle una trago para oirla?” pregunté.

“Para nada”, dijo. “Puedo comprar mis propias bebidas. Mi 401(k) (plan de jubilación, más información en la Wikipedia) está intacto . Me fui del mercado hace 8 o 10 años, cuando me percaté de lo que estaba pasando”.

En efecto parecía capaz de comprar sus propias bebidas; una de ellas, un dry martini, estaba en la barra frente a él. Era un hombre en la edad de la jubilación, los años bien llevados, cabello gris, usando el mismo tipo de vestimenta que debe haber usado en alguno de los campus de la Ivy League a finales de los 50 o principios de los 60 - chaqueta tweed, pantalón gris, camisa de botones azul y una corbata que, vista de lejos, parecía decorada por pequeñas coles de Bruselas.

“OK”, dije. “Vamos a oírla”.

“El sistema financiero estuvo cerca de colapsar”, dijo, “porque gente inteligente empezó a trabajar en Wall Street”. Tomó un sorbo de su martini y miró directamente a la fila de botellas de detrás de la barra, como si la conversación ya hubiese acabado.

“¿Pero no estaban ya esos chicos listos en Wall Street?” pregunté.

El me miró de la misma forma que un profesor de matemáticas mira a un alumno que, a pesar del esfuerzo heroico del profesor, parece incapaz de aprender los principios más rudimentarios de una división con varias cifras. “O eres más joven de lo que aparentas, o no tienes muy buena memoria” me dijo. “Uno de los conferenciantes de mi 25th reunion (tradición estadounidense, donde una promoción universitaria se reúne 25 años después de graduarse) dijo que, de acuerdo a un estudio que había hecho a los presentes, los ingresos en esos momentos eran inversamente proporcionales a la situación académica que tenía la clase, en parte porque cada uno de la tercera parte de la clase con notas más bajas se habían convertido en millonarios de Wall Street”.

Pensé en mi propia clase de la facultad, de aproximadamente la misma época. El mejor estudiante había sido nombrado juez de la corte federal de apelaciones ganando, según los estándares de Wall Street, calderilla. Un montón de alumnos con méritos académicos igual de impresionantes se convirtieron en profesores. Pude imaginar a los futuros titanes de Wall Streets dormitando en las filas traseras de algún curso soporífero como Introducción a la Geología.

“Realmente suena como algo bastante acertado” dije.

“Claro que es acertado,” contestó. “No me malinterpretes. los chicos con peores notas que fueron a Wall Street tenían muchísimas cualidades buenas. La mayoría de ellos eran bastante agradables. Daban una buena impresión. Y ahora nos damos cuenta de que según los estándares que llegaron luego, no eran suficientemente codiciosos. Sólo querían una casa bonita en Greenwich y quizás un velero. Muchos de ellos venían de familia que habían estado siempre en Wall Street, por lo que estaban acostumbrados a casas bonitas en Greenwich. No sentían la necesidad de aprovechar todo el negocio como para obtener el dinero que permite, fácilmente, un segundo yate transoceánico.

“¿Entonces qué pasó”?

“Ya te lo dije, los chicos listos empezaron a ir a Wall Street”

“¿Por qué?”

“Pensé que nunca lo preguntarías”, dijo, haciendo un practicado gesto con sus cejas que consiguió que el barman empezara a mezclar otro martini.

“Ocurrieron dos cosas. La primera es que la cantidad de dinero que se podía hacer en Wall Street con hedge funds (fondo de inversión libre) y private equity operations (operaciones de capital privado: valores de renta variable de compañías que no cotizan en bolsa) era simplemente alucinante. Al mismo tiempo, las universidades se fueron encareciendo tanto que gente de familias razonablemente prósperas se graduaban con deudas enormes. Fue entonces cuando incluso los chicos más inteligentes fueron a Wall Street, quizás convenciéndose a si mismos de que en pocos años tendrían tanto dinero que podrían convertirse en profesores o abogados o lo que sea que fuera su vocación en primer lugar. Es ahí cuando se empiezan a leer historias sobre el porcentaje de egresados de la Universidad de Harvard que tenían planeado entrar en la industria financiera, o de ir a una escuela de negocios para poder entrar en la industria financiera. Es ahí cuando empiezas a leer sobre esos genios del M.I.T y Caltech que en lugar de ir a la escuela de posgrado en física, fueron a Wall Street a calcular ventajas arbitrarias.

“Pero no me ha dicho aún cómo eso trajo consigo la crisis financiera”

“¿Alguna vez oíste la palabra “derivado financiero”? preguntó. “¿Tu crees que nuestros chicos podrían haber inventado, digamos, “cobertura por riesgos crediticios” (Credit Default Swaps)? ¡Por favor!. No podrían haber hecho todos los cálculos.”

“¿Por qué tengo la sensación de que hay un paso más en este escenario?” dije.

“Porque lo hay”, contestó. “Cuando los chicos listos empezaron en este negocio con la titularización de cosas que ni siquiera existían en un primer término, ¿quienes estaban dirigiendo las empresas en donde trabajaban? ¡nuestros chicos! ¡la parte baja de la clase! Gente que no tenían ni la menor idea de lo que era un credit default swap. Todos lo que nuestros chicos sabían era que se estaban haciendo asquerosamente ricos, y les había gustado. Todo ese dinero fácil había acabado con su sentido de “suficiencia”.

“Entonces tener gente inteligente por poco causa el colapso de Wall Street”.

“Lo has entendido”, me dijo, “te ha llevado un tiempo, pero lo has entendido”

La teoría sonaba demasiado simple para ser verdad, pero a bote pronto no le pude encontrar ningún fallo. Me encontré contemplando el tipo de caos que una horda de hombres inteligentes podría causar en otras industrias. Vi a esas industrias desplomándose, una a una, por una inteligencia superior. “Creo que necesito un trago”, dije.

Él asintió al ver mi vaso, e hizo otro de esos gestos con la ceja al camarero. “Por favor”, dijo, “Permíteme”.